¿Mi sueño? La radio

Aprender es una de las cosas que más disfruto en esta vida. En el vídeo que puedes ver más abajo, escucharás los motivos que me llevan a perseguir mi sueño día tras día, por mucho tiempo que pase. De momento van cinco años y estoy segura de que mi relación con la radio tardará mucho en enfriarse.

Sobre la locución, la grabé de forma apresurada en clase de realización, por lo que tiene algún fallo que otro. Unos errores que confío en poder evitar a medida que complete mi formación en el Máster de Radio Nacional de España y experimente con mi nuevo micro de condensador.

Espero que lo disfutes. Si quieres dejarme cualquier comentario o crítica, eres más que bienvenido/a.

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Galería de personajes (1): Alicia

¿Por qué seguimos escribiendo? Esta pregunta es la que José Ovejero y Edurne Portela utilizan para articular el documental ‘Vida y ficción’.  Hace un par de semanas,  en Espacio Telefónica, tuve la suerte de verlo  y  de escuchar a varios escritores y escritoras hablar sobre este tema.

Desahogo, liberación, crítica social,  construcción de una memoria personal a través de la ficción fueron algunos de los motivos esgrimidos por los autores, que en este documental nos muestran su cara más personal.  

También desvelan sus fuentes de inspiración, así como sus procesos creativos.  En este sentido, me llamó la atención que casi todos hablaran de la importancia de los personajes, de como estos seres cobran vida propia y empiezan a tirar de la historia. 

Ante esta revelación, decidí hacer lo que nunca antes había probado. Empezar a escribir un relato a través de un personaje, para que sus preocupaciones, ideales y sentimientos sean los que impulsen la trama. 

Hoy tengo el placer de presentarte a Alicia, pero solo te diré su nombre. Si quieres saber qué le sucede, sigue leyendo:

Photo by maxime caron on Unsplash

Photo by Maxime Caron on Unsplash

Lo peor de estar muriendo no es sentir que cada día soy menos capaz de hacer lo de siempre. Tampoco lo es notar que la vida se me escapa en cada gesto. Lo que me duele de verdad es verlos a ellos, mirarlos y no encontrar ya su sonrisa. Saber que piensan que no podrán soportar mi muerte.  Y el caso es que sobrevivirán. ¡Lo harán! O al menos eso necesito creer.

Esta noche he notado que me volvía a faltar el aire. Pero más allá de la angustia que me oprimía la garganta, lo que de verdad me asustaba era dejar así el mundo: sola, en una oscuridad que nada tenía que ver con la noche. Una negrura insalvable, como la desesperación que ha inundado sus almas. No les reconozco. No consigo atisbar nada de quienes fueron, ni uno de los sentimientos y recuerdos que me ayudaron a ser quien soy y decidir mi propio camino.

¿No es un sinsentido? Morirse es ley de vida, sí. Pero no hay nada que te obligue a estar amargada en los últimos días. ¿O sí? Ellos deben conocer una norma universal que yo ignoro, porque si no, no sé  por qué me están jodiendo la vida    -lo poco que me queda- de esa forma.

He intentado hablar con todos. Hacerles entender que, como no hay solución, lo importante es que disfrutemos del tiempo que nos queda juntos. Y nada. Erre que erre.  Parece que ya no me escuchen, que no tengan en cuenta mi opinión. Antes sí me hacían un poco más de caso, o al menos fingían hacerlo.  Pero ahora que les digo que los necesito fuertes, van y me cogen una depresión. ¡Joder, que la que me muero soy yo!

¿Qué te ha parecido? ¿Es creíble este personaje o su forma de expresarse te chirría? ¿Crees que su historia merece ser contada?

Si tienes alguna idea al respecto o quieres dejarme cualquier otra propuesta o comentario, los leeré encantada.

Gracias y que las letras te acompañen. 

Mònica Marhuenda @miramiralls

¿Qué sería del mundo sin cultura?

Tal vez, la hipótesis que encabeza este editorial sea imposible de resolver. Imagina por un momento cómo sería un mundo sin cultura. En esa realidad distópica no podrías escuchar la radio por las mañanas, ni deleitarte con la música de su compositor favorito. Tampoco dispondrías de libros, electrónicos o en papel, con los que evadirte mientras viajas en transporte público. Por si esto fuera poco, una vez finalizada la semana laboral no tendrías nada con lo que resarcirte del esfuerzo realizado, ni una sola actividad para desconectar de las prisas del día a día y las frustraciones.

distopia-culture¿Te lo figuras? Un panorama muy poco halagüeño, ¿verdad? Si en la sociedad actual trabajamos para vivir con mejores condiciones y luchamos por disponer de tiempo libre, acabar con estas producciones culturales con las que llenamos nuestra existencia aparece como un acto suicida, ya que supondría aniquilar el espíritu de nuestro tiempo.

Y sin embargo, no son muchos los que aprecian el valor de la cultura. Vivimos en una época de abundancia de información y de sobreproducción de todo tipo de bienes y servicios. Pero las industrias culturales y creativas, aunque atiendan también a la lógica empresarial, no pueden regirse exclusivamente por los parámetros de productividad y rentabilidad inmediata.

El proceso que precede a las creaciones es lento, pues requiere una investigación y experimentación que no se refleja de forma explícita en el resultado final. En este sentido, podríamos sugerir que la cultura se construye mediante técnicas similares a las de los laboratorios y que, al igual que el I+D+i, está relegada a un segundo plano. Esta carencia de medios públicos y la anecdótica presencia de la figura del mecenas en España sitúa a la mayoría de los actores culturales fuera de foco. Este WordPress busca arrojar un haz de luz hacia esta realidad.

Mònica Marhuenda @miramiralls

Soledad

-Perdone, ¿puede enseñarme cómo funciona?

Los labios que han pronunciado esta frase se mantienen ahora cerrados en un amago de sonrisa. Unos centímetros más arriba  los ojos permanecen expectantes, atentos a la joven que los mira. Dos segundos más tarde  se relajan al recibir una respuesta afirmativa.

-¡Claro!

-Son bananas.

-A ver…Pulsa en ‘frutas’, luego le da a ‘banana’ y  por aquí le sale el tíquet.¡Voilà!

-¡Muchas gracias! Ahora ya he aprendido para la próxima vez.

-No hay de qué, que tenga un buen día.

-Igualmente.

La anciana se aleja lentamente por el pasillo mientras la otra compradora la sigue con la mirada. ¡Pobre mujer!¡Debe sentirse tan sola! Sus ojos tristes, incluso suplicantes, la han delatado. Esa conversación ha sido un mero ardid para comunicarse con alguien, para sentirse acompañada por unos instantes.


Sólo cuando observamos a aquellos que nos rodean somos capaces de comprender el mundo en que vivimos. La escena que acabas de leer se repite millones de veces cada día en los países occidentales, en los que envejecer significa dejar de ser productivo. Bajo esta lógica, la sociedad percibe a los ancianos como una carga o, en el mejor de los casos, como personas a las que hay que cuidar. Una concepción negativa y errónea que oculta una gran verdad: los mayores son una fuente de sabiduría. Así lo ven las sociedades indígenas, que consultan a los miembros de mayor edad todas las decisiones relevantes.

¿Por qué no aprendemos de ellos?  El problema de los ancianos en los países occidentales es que la sociedad los empuja a la inactividad y toda persona, independientemente de su edad, ve sus capacidades mermadas cuando considera que no tiene nada que aportar. Un claro ejemplo de ello es la brecha digital, que separa a aquellos que saben cómo funcionan las nuevas tecnologías o aprenden fácilmente a usarlas de aquellos que tienen grandes dificultades para comprender su funcionamiento. Una grieta que se ensanchará cada vez más y alimentará el aislamiento de nuestros mayores, si no hacemos nada para remediarlo.

Mònica Marhuenda @miramiralls