Soledad

-Perdone, ¿puede enseñarme cómo funciona?

Los labios que han pronunciado esta frase se mantienen ahora cerrados en un amago de sonrisa. Unos centímetros más arriba  los ojos permanecen expectantes, atentos a la joven que los mira. Dos segundos más tarde  se relajan al recibir una respuesta afirmativa.

-¡Claro!

-Son bananas.

-A ver…Pulsa en ‘frutas’, luego le da a ‘banana’ y  por aquí le sale el tíquet.¡Voilà!

-¡Muchas gracias! Ahora ya he aprendido para la próxima vez.

-No hay de qué, que tenga un buen día.

-Igualmente.

La anciana se aleja lentamente por el pasillo mientras la otra compradora la sigue con la mirada. ¡Pobre mujer!¡Debe sentirse tan sola! Sus ojos tristes, incluso suplicantes, la han delatado. Esa conversación ha sido un mero ardid para comunicarse con alguien, para sentirse acompañada por unos instantes.


Sólo cuando observamos a aquellos que nos rodean somos capaces de comprender el mundo en que vivimos. La escena que acabas de leer se repite millones de veces cada día en los países occidentales, en los que envejecer significa dejar de ser productivo. Bajo esta lógica, la sociedad percibe a los ancianos como una carga o, en el mejor de los casos, como personas a las que hay que cuidar. Una concepción negativa y errónea que oculta una gran verdad: los mayores son una fuente de sabiduría. Así lo ven las sociedades indígenas, que consultan a los miembros de mayor edad todas las decisiones relevantes.

¿Por qué no aprendemos de ellos?  El problema de los ancianos en los países occidentales es que la sociedad los empuja a la inactividad y toda persona, independientemente de su edad, ve sus capacidades mermadas cuando considera que no tiene nada que aportar. Un claro ejemplo de ello es la brecha digital, que separa a aquellos que saben cómo funcionan las nuevas tecnologías o aprenden fácilmente a usarlas de aquellos que tienen grandes dificultades para comprender su funcionamiento. Una grieta que se ensanchará cada vez más y alimentará el aislamiento de nuestros mayores, si no hacemos nada para remediarlo.

Mònica Marhuenda @miramiralls

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